martes, 16 de noviembre de 2010

Conrad

"Hallis exploró en la caja. Y me pareció, durante aquel instante de espera, que el camarote de la goleta se llenaba de un estremecimiento invisible y viviente, como de sutiles alientos. Todos los espectros arrojados del accidente incrédulo por aquellos hombres que pretenden ser sabios y vivir solos y en paz, todos los fantasmas sin patria de un mundo descreído surgieron repentinamente rodeando la figura de Hollis, inclinado sobre la caja. Todas las sombras encantadoras y desterradas, de amadas mujeres, todos los bellos y dulces fantasmas de los ideales, recordados, olvidados, acariciados, despreciados; todos los espectros, abandonados y vituperantes, de amigos admirados que merecieran nuestra confianza, difamados, traicionados y muertos en el camino, parecieron todos levantarse de las inhospitalarias regiones de la tierra para agolparse en el oscuro camarote, como si fuera un refugio, el único lugar, en todo un mundo de incrédulos, en el que alentase una vengadora fe..."
"Karain: un recuerdo" en Cuentos de inquietud. Joseph Conrad

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